Cubrir un Mundial de Rugby en Francia es un sueño que pocos pueden experimentar. Tener la posibilidad de vivir un evento de esta naturaleza, conocer distintas ciudades y seguir a un equipo argentino hace más emocionante el desafío.
Francia es la segunda vez que se organiza una Copa, esta vez toda en territorio galo, ya que en su primera ocasión, en 2007, también se jugaron partidos en Cardiff y Edimburgo.
Para este Mundial la Organización designó nueve ciudades como sedes, todas desparramadas por el país, de norte a sur y de este a oeste. Así, cubrir todos los partidos del Mundial es una aventura muy difícil de concretar.
Sin clima previo
Llegar unos días antes develó parte del misterio. En París no había ningún indicio que iba a jugarse un Mundial de Rugby. Es más, varios parisinos ni sabían que se jugaba. Sí conocían que iban a organizar los Juegos Olímpicos del año siguiente. A las orillas del Río Sena y casi pegada a la Torre Eiffel hay un contador que va marcando los días y horas que faltan para ese mega evento.
Del Rugby, los primeros adelantos llegaron hacia fin de agosto, con la Boutique Oficial sobre la Plaza de la Concorde, un galpón de 1000 metros cuadrados dónde se venden todo tipo de artículos alusivos a la Copa, como réplicas de las camisetas a la módica suma de 100 euros.
En el centro de la gran Plaza armaron el Rugby Village, un lugar de reunión para que todos los parisinos e hinchas de otros países puedan ver los partidos en vivo y gratis, con DJ, puestos de comidas y todo tipo de actividades alusivas al rugby. Los días que juega Francia la plaza explota, las paradas del Metro en la Estación Concorde se cierran y las calles se cortan para la llegada de los hinchas. Ahí sí se vive un verdadero clima de Mundial.
El otro polo está en Roland Garros. Allí se armó una amplia Sala de Prensa dónde se retiran las credenciales oficiales para todo el torneo y al que se puede acceder desde el Metro y sus diferentes conexiones, por un valor de 4,20 euros entre los tíckets de ida y vuelta. En caso de tener que ir a las afueras de París (Ile de France) el costo se incrementa a 6,20.
El partido inaugural
Estar presente en Saint Denis para el partido inaugural era un objetivo antes del viaje que había que concretarlo. Cubrir Francia vs. Nueva Zelanda, después, pasó a ser casi una misión imposible. Con más de 1850 periodistas acreditados de todo el mundo y una expectativa tan grande por un partido que podría ser una final, en los días previos nos llegó un mensaje que decía: acreditación “in progress”.
Desde la organización, se sugería, que si esto pasaba lo mejor era no ir al estadio. Hubo otros casos, para peor, dónde había periodistas argentinos que tenían el ingreso “denegado” para ver a Los Pumas en Marsella, situación muy extraña, porque en general, los cronistas del país que juega tienen la prioridad para presenciar el match.
Hacer 11.000 kilómetros y estar anotado desde hace tiempo para que unos días antes llegue la respuesta negativa no era parte del plan.
La inauguración comenzaba a las 21.15 horas y las puertas del estadio se abrieron a las 17 horas. Largas colas al rayo del sol para retirar los tickets de ingreso con más de 32 grados hicieron cuesta arriba la espera. Hasta hubo algunos periodistas descompuestos de tanto esperar. La buena voluntad de alguien de la Organización de World Rugby hizo posible nuestro ingreso, cuando varios antes y en forma reiterada nos negaron la posibilidad; así, después de muchos intentos y discusiones pudimos disfrutar de un partido inolvidable.
La vuelta en tren al ritmo de la Marsellesa
Salir del Stade de France fue toda una aventura. Terminamos la labor pasada las 2 y media de la mañana y debíamos partir hacia Marsella a las 7 de ese día.
La salida del estadio fue muy lenta, casi caótica, hasta desagotar a las 80.000 personas que colmaron el Stade de France. Al canto de la Marsellesa, los hinchas franceses festejaron y gozaron del gran triunfo de su seleccionado ante Nueva Zelanda. Ni hablar lo que fue el viaje en tren. Con el vagón al límite, apretados y sofocados por el intenso calor de esa noche, la vuelta al son del himno francés con sus simpatizantes fue memorable. Varios pasados de copas, que entre cánticos y consignas no dejaron de alentar y vitorear a Fabian Galthie, el seleccionado y todo Les Bleus que se le cruzara por el camino.
Marsella, la noche negra de Argentina
El Stade Velodrome estaba repleto de argentinos que llegaron no sólo desde nuestro país, sino también desde distintos lugares de Europa, como España,Suiza, Italia, Luxemburgo y otros países más. Con la ilusión a cuestas y la temprana expulsión de Tom Curry todo parecía estar viento en popa. Sin embargo, George Ford y sus drops destrozaron el entusiasmo. Inglaterra ganó con un hombre menos y la derrota fue lo peor, caló hondo en todos los argentinos, tan así como nuestro cansancio.
La noche en una habitación compartida de Marsella, en la casa de la amable Valentine, fue sólo un reposo para lo que esperaba al día siguiente. Ver al campeón del mundo, Sudáfrica frente a Escocia y volver a París.
La vuelta la decidimos hacer en micro para abaratar los costos. El tren de Marsella a París comprado por anticipado tuvo un costo tres veces menor de lo que se cotiza hoy. El regreso en Bus fue otro capítulo del viaje. El micro salía 0.50 y llegaba a las 12.50 a Paris Bercy: sí, 12 horas de viaje en ómnibus.
La espera fue en un bar cercano a la estación. Atendido por un argelino que no paró de elogiar a Messi, comimos una especie de pizza y tarta a un costo de 9 euros cada uno.
Más cerca al horario de salida nos dirigimos al punto de partida, un lugar que tenía bancos en la parte interna de la estación y un boulevard afuera, que transitado por grupos de senegaleses nos hicieron entrar por las dudas, mientras consumíamos la dulce espera.
Con gente de todo tipo recostados sobre los bancos internos, vimos como una rata del tamaño de un gato empezaba a pasear por debajo de los pies de los presuntos pasajeros. Al avisarle a uno de ellos lo que tenía debajo, éste ni se inmutó: “No problem, It’s common” –nos contestó.
En la fila, ya casi cerca de la hora, alguien con cara de desesperado y en castellano nos preguntó, si esa era la salida del micro. Era argentino y había viajado a Marsella para ver a Los Pumas. Se volvía a su lugar de residencia, Ginebra. Era de la zona sur del Gran Buenos Aires, jugó al rugby en Pucará y desde hacía varios años vivía en Europa. Dejó su profesión de Ingeniero Agrónomo y desde hace un tiempo vende chocolates en Suiza y distintas partes de Europa. Historias de argentinos por el mundo.
El viaje continúa. Dejamos París para ir a Nantes y de ahí a Saint-Ettiene. Nos esperan Los Pumas y un partido definitorio frente a Samoa. El mundial sigue, nuestro recorrido también.
Fotógrafo: Rugby Champagne
Fuente: Hernando De Cillia y Jorge Ciccodicola, enviados especiales al mundial