ESTE ARTÍCULO DICE IR AL HUESO, ES FUERTE Y FUE ESCRITO POR EL PERIODISTA PATRICIO GUZMÁN. LO TRANSCRIBIMOS A CONTINUACIÓN PARA QUE SAQUES TUS CONCLUSIONES.
Es menester dejar de ser livianos e ir al hueso si mencionamos por estos tiempos a la Unión Argentina de Rugby.
Mucho más, si en Buenos Aires, donde “Dios atiende”, (dicen los discriminados y olvidados) se reparten en la mesa chica los pedazos de un rugby profesional en una forma grosera y dejan las migajas para un rugby de base que sufre carencias, olvidos e innegables desplantes por parte de su cúpula dirigencial que le da exclusividad únicamente a los que juegan para ellos, desde la adulación y desde lo que callan.
No vamos a refritar las tristes palabras de Gabriel Travaglini (Presidente de la UAR), pero tampoco las vamos a olvidar por ser barbaridades inaceptables y un pensamiento real que divide y los desnuda dirigencialmente.
El sentir no es por rencor, si porque los que anidamos ovaladamente en terruños que pasan la Avenida General Paz, estamos agotados de los mismos manoseos de antaño, que hoy son más groseros, que abarcan casi todas las áreas del rugby profesional que encabezan Los Pumas y toda la seguidilla de selecciones que lo secundan. Como si ellos fueran los únicos por atender.
El análisis pasa por terminar con el manoseo político, cuando la dirigencia porteña busca votos y apoyo en las uniones del interior. Pasa por tener cojones y plantarse con respeto antes desigualdades e injusticias que perjudican al rugby de base en los clubes amateurs y destrozan la identidad de las selecciones provinciales. Pasándolas al olvido.
Pasa por exigirles que dejen de ubicar amigos, poco y nada capacitados, en lugares de privilegio, más allá que hayan sido ex pumas formidables. Y que corten de darles roles a sus amigos- socios, que luego derrapan, mostrando que no están a la altura de las circunstancias, en tiempo y formas, y para colmo, no respetan la histórica identidad. Sólo basta con ver el nuevo escudo de la UAR para dejar evidencia este punto. Justamente realizado por la misma empresa que es sponsor del CASI, el club del presidente.
Pasa por dejar de pagar por tener un periodismo y pseudo periodismo partidario en un canal internacional donde hay poco comunicador, un flojo análisis, mucho lobby y demasiados ex pumas ocupando lugares de los comunicadores, que ellos mismos se encargan de silenciar o buscan directamente emplearlos en lugares donde “no jodan”.
Casi una decena de ex pumas pasaron por los paneles del canal oficial. Varios siguen en una pantalla donde no existe el mínimo equilibrio periodístico.
Basta ver la paupérrima performance de Mario Ledesma en su paso por el seleccionado mayor y la floja crítica que tuvo por parte de sus amigos panelistas, para dejar en evidencia que les bajan línea groseramente para cuidar el negocio.
Pasa por leer y escuchar a Eliseo Branca, al que se le voló la chapa de la tolerancia, cuando el mismo Travaglini lo citó en una frase que Branca nunca dijo y que terminó con el Presidente de la UAR reculando. Tarde, la mentira ya estaba dicha y del bochorno no se vuelve más.
Pasa por ver como los dirigentes del interior tienen poco y nada de peso ante las realidades que manifiestan, delante de la cúpula porteña que siempre vivió un rugby de élite y selectivo, la que no conoce ni en fotos las necesidades del rugby del interior.
Lejos de unir, de ser federales, de abrir el juego en forma pareja, se encargaron de derrumbar los viejos conceptos del rugby amateur de clubes, donde el jugador tenía estas prioridades: jugar en la primera de su club, representar a su provincia en algún seleccionado y si es posible, llegar a representar al país. Hoy los jugadores, en algunos casos, no llegan a debutar en la primera de sus clubes y prefieren estar en el sistema rentado. O en otros casos, emigran al exterior, en el club que se les cruce. Pocos llegan, otros siguen en sus clubes de origen, mientras el resto decide desertar del rugby, frustrados de los pocos incentivos. Aburridos de los desmanejos. Cansados de luchar ante tantas adversidades.
Y por eso las preguntas llegan
-¿Quién es usted señor Travaglini para decirnos qué escudo usar, cuando el rugby argentino es de los clubes que crearon la unión que usted preside y no al revés?
-¿Con qué autoridad o bajo qué patrón cambiaron un escudo que es patrimonio de rugby de clubes y símbolo del rugby nuestro?
-¿No le pareció vergonzoso que su amigo Eliseo Branca lo salga a contradecir luego que usted lo citó rodeado de ex jugadores que afirmaban todo lo que usted decía y no repreguntaban absolutamente nada?
La UAR lejos de unir, divide. Prioriza su hambre de poder en el sitial profesional, maquilla una realidad cada vez que le quiere pintar las caras a los que tiene por payasos, títeres o piñatas de una fiesta para pocos amigos.
La UAR, donde los que militan en sus espacios quieren explicar sin ningún tipo de imparcialidad, los argumentos de una charlatanería barata, comprada para testimoniar palabras repetitivas y creer que la gente no tiene idea de lo que hacen y dejan de hacer. Así creen subestimarlos.
Casi siempre que el rugby del interior quiso ocupar un lugar, alzar la voz, en su momento usar un sponsor o dejar de perder varios, por la ausencia de torneos o la falta de rodaje, bien asomó la cabeza, se la volaron de un plumazo en señal de: “Aquí mando yo”.
Así continúan reinando en la división. Pero hoy más expuestos que nunca y haciendo papelones para tapar otras cosas. Olvidando al rugby amateur y faltándole el respeto a una historia que no es patrimonio de unos cuantos.
Fotógrafo: UAR - Archivo RCH
Fuente: PATRICIO GUZMAN